La filosofía Slow promueve calmar las actividades humanas. Propone tomar el control del tiempo en lugar de someterse a su tiranía, dando prioridad a las actividades que redundan en el desarrollo de las personas.
Cuando hablamos de Slow, no lo asociamos al término despacio, todo lo contrario, animamos a la actividad más que a la pasividad.  Queremos ser selectivos en la actuación y plenamente conscientes de cómo invertimos nuestro tiempo.